El minilibro, Patriarcado y Religiones (Nr 75, colección Sociedades Matrifocales y Patriarcales) plantea que las religiones dogmáticas son uno de los pilares que sostienen al sistema patriarcal: declaran divinas las leyes y jerarquías humanas, y proveen autoridades que sancionan a quien las infringe, dando a la justicia terrena el respaldo de un mandato «superior».
Se distingue con claridad entre religión dogmática y espiritualidad libre, usando el ejemplo del padre Andrés en Sucre —que vive el espíritu del evangelio sin aferrarse a sus dogmas— para mostrar que la espiritualidad puede existir dentro de una religión, aunque siempre subordinada a los intereses de esta.
Se contrastan los tabúes de las sociedades matrifocales (normas orientadas al bienestar colectivo, sin culpa ni castigo permanente) con las leyes patriarcales, mucho más rígidas y funcionales al poder y la propiedad privada, especialmente en materia de sexualidad.
El minilibro identifica cinco tareas históricas de las religiones al servicio del patriarcado: sostener la propiedad privada, legitimar privilegios aristocráticos, glorificar la guerra, reprimir lo «femenino» y afectivo, y controlar la sexoafectividad como forma de dominación social.
La segunda mitad se centra en el cristianismo: contrapone el mensaje original de Jesús —no violento, cercano a las mujeres, con una imagen de dios paternal y bondadoso («abba»)— con la transformación que sufrió el movimiento en manos de Pablo, hasta consolidarse como religión oficial jerárquica en el Concilio de Nicea (año 325), bajo patrocinio del emperador Constantino. El texto menciona las cruzadas, la caza de brujas y la conquista de Abya Yala como consecuencias de esa alianza entre poder religioso y violencia patriarcal.
Cierra con una reflexión sobre el fanatismo dogmático como fuente de violencia, y un llamado a transitar hacia una espiritualidad libre y colaborativa como camino necesario para el siglo XXI.









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